Quién no quiere poder sentir su lugar:
donde dejarse caer,
donde dejarse destruir,
donde hacerse pedazos.
Quién no quiere poder sentir su lugar:
donde darle tiempo a cada fracaso,
donde darle paciencia a cada golpazo,
donde las lágrimas caen
y producen luces
que te reconstruyen
con el aroma, la fragancia
de tu piel, de tu pelo,
con ayuda de tus manos, de tus elecciones
de tu construir,
de tu espacio.
Quién no quiere poder sentir su lugar:
donde discutir amando,
donde gritas despacio,
donde saltás, corrés, gateás, te arrastrás
te mirás las manos,
te abrazás sentado, acostado, parado.
Quién no quiere poder sentir su lugar:
donde la oscuridad brilla,
donde los fantasmas bailan
la canción
que te ilumina
y vos te sentís acompañado.
Quién no quiere poder sentir su lugar:
donde andás calzado, enojado
donde andás descalzo, relajado
donde andás
como querés
sin límites
más que las paredes
de tu espacio.
Quién no quiere poder sentir su lugar:
donde ríes de tu racionalidad,
donde juegas con tu complejidad,
donde dudas de dudar,
donde sueñas
mirando el techo
con los ojos abiertos
las manos en el pecho
y dispuesto a recibir
lo que tenga que venir.